Allí estaba, con esa cara de ángel que quiere morir. Nadie y tampoco yo pretendíamos saber qué le ocurría. Hablaba con el aire. Por un minuto creí que deliraba y que simplemente había que darle tiempo para que aterrizara; sin embargo no era así.
Tomamos un café. luego un té, también algo de agua para terminar en una copa de vino. No hablaba, pero yo pretendía que me contara algo, quería saber de qué se trataba aquella conversación.
Pasaron más de dos horas, y seguíamos en el silencio. La angustia comenzaba a carcomer el momento, nuestras caras y nuestras manos.
Colapso.
Gritos.
LLanto.
Silencio.
No sabía que decir.
No sabía que hacer.
Sólo callar.
Y dejar que el otoño hiciese lo suyo.
Extraña pero conocida sensación... Muy bueno (:
Suuuu...me encanto!! desesperante pero, asi son muchas veces las cosas y q le vamos a hacer jaja
Sigue escribiendo, yo te leo feliz =)
Un abrazo